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EL ERROR MÁS COMÚN DE PADRES Y MADRES

(Foto Daniel Cheung)

Uno de los errores que más a menudo cometemos cuando somos padres y madres es poner ETIQUETAS a nuestros hijos e hijas.

Te cuento cómo es que tú, que eres la persona que más quiere a su hijo/a, comete este garrafal ERROR.

SITUACIÓN:

Estás en casa tele trabajando, te levantas a por agua y aprovechas para recoger las migas de pan de la encimera, te vuelves a sentar frente al ordenador,  te llama mientras tanto tu mejor amiga a la que no quieres ignorar y atiendes la llamada porque no habláis desde hace tiempo, a continuación llaman al timbre de casa, resulta que es la vecina que viene a traerte un bizcocho riquísimo e intentas ponerle toda tu mejor cara, agradeciendo su presente y sonriendo a más no poder, te vuelves a sentar, aparece tu hijo/a preguntándote “mami, ¿qué es un polígono?”, se lo explicas perfectamente mirándote antes el libro digital porque no te acuerdas exactamente, vuelves a mirar la pantalla de tu ordenador, a los minutos suenan cristales en el suelo. Corriendo te levantas,

Ves leche en el suelo, vaso roto y tablet mojada.

Gritas: “pero ¿qué has hecho?, eres un………”

Aquí puedes elegir entre:

– “igual que tu padre”.

– “eres un torpe”.

– “siempre se te cae todo”.

– “eres un pesado, siempre igual,…..”

– “a tu hermano esto no le pasaría”

Y así podría continuar hasta crear un libro de ETIQUETAS.

¿Qué consecuencias trae actuar así con nuestros hijos-as?,

Esta manera de relacionarnos con ellos,  puede provocar que algunos niños vivan su realidad conforme a las ideas de otros, a las ideas que proyectan sobre él/ella, a nuestras ideas sobre ellos, de cómo es nuestro hijo-a.

Con tanta etiqueta, no estamos dejando que se vean a sí mismos.

Un niño o niña, puede crecer con la convicción de creerse que es “manazas”, “tonto”, “tímido”, simplemente porque su entorno así́ lo ha expresado directa o indirectamente.

Normalmente los niños dan como válido el feedback que tienen de sus cuidadores y luego lo asumen como propio.

Foto James Wheleer

Se comportarán y se sentirán como les han dicho que son.

OJO, las etiquetas “positivas o buenas”, ejercen en mismo efecto. “que buena eres”, “que inteligente eres”, “que tranquilo”, todas ellas harán que el niño-a se lo crea a pies juntillas y no se permita ser lo contrario de la etiqueta: ser malo o travieso (contrario a ser bueno), confesar que algo no entiende (contrario a ser inteligente), o ser inquieto (contrario a ser tranquilo).

Flaco favor les hacemos a su desarrollo personal y a la propia construcción de su ser.

Te propongo que pares un momento, y escribas las etiquetas que te ponían tus padres, o cuidadores principales cuando eras pequeño.

Pon las buenas y malas.

Yo sin darme cuenta escribiendo este artículo las he puesto arriba, jaja. Es lo que tiene estar conectada con el tema cuando escribo, que pongo gran parte de mi proceso, vivencias y aprendizajes.

¿Tienen algo que ver, esas etiquetas que has escrito con las que le pones a tu hijo-a?

CÓMO SOLUCIONARLO

Lo primero que recomiendo hacer es parar y respirar antes de disparar palabras por la boca.

Intenta no ponerle tanta etiqueta y cuando vayas a ponerla muérdete la lengua, piensa si realmente eso que vas a decir le hace bien o no y ver si estaba más relacionada con tu propia frustración o ansiedad (no tener tiempo para ti, llevar muchas tareas a la vez, …un largo etcétera) que con lo que estaba haciendo tu hijo.

Si te das cuenta de que esto es lo que te suele pasar, te felicito, es el primer paso para poner remedio.

No se trata de sentirse culpable, se trata de ser responsable con lo que haces.  

La familia es el lugar donde más cariño nos dan, y también donde más daño nos pueden hacer.

Un abrazo

María

 

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